
Foto: Cup of Couple via Pexels
En 2005, Genbeta abrió sus puertas digitales en un internet muy diferente al actual. Dos décadas después, la red que conocíamos se ha transformado radicalmente. Ya no navegamos: deslizamos el dedo. Ya no buscamos: nos recomiendan. Ya no poseemos: accedemos. Este viaje de 20 años nos lleva de la web de enlaces y blogs a un ecosistema dominado por feeds algorítmicos, plataformas todopoderosas y una avalancha de contenido sintético. ¿Ganamos o perdimos?
Del clic al scroll: el fin de la navegación exploratoria
A principios de los 2000, internet se organizaba en torno a enlaces. Llegabas a una página, leías, y decidías hacia dónde ir. Los blogs se conectaban entre sí, formando una red viva de referencias. El usuario tenía el control. Hoy, ese modelo ha sido sustituido por feeds algorítmicos: Facebook, Instagram, TikTok, YouTube, hasta LinkedIn. En lugar de explorar, el usuario se deja llevar por un flujo diseñado para maximizar su permanencia. Como señala el artículo de Genbeta que inspira este análisis, el feed no es neutral: prioriza contenido emocional, repetitivo y polarizante. Donde antes había hipervínculos que distribuían la atención, ahora hay un flujo centralizado que la secuestra.
La ‘enshittification’ o cómo las plataformas se degradan a propósito
El término ‘enshittification’, popularizado por Cory Doctorow, describe el ciclo inevitable de las plataformas digitales. Primero son buenas para los usuarios, luego favorecen a los clientes de pago, después exprimen a ambos, y finalmente se degradan sin que los usuarios se vayan por dependencia. Es el caso de Facebook, que redujo el alcance orgánico; de Google, que prioriza anuncios; de Amazon, que favorece sus marcas. Este patrón se ha acelerado en la última década, y el resultado es una experiencia de usuario cada vez más frustrante. Instagram te muestra reels de cuentas que no sigues, Twitter (X) rompe funciones para forzar la suscripción, y los buscadores devuelven páginas diseñadas para algoritmos, no para personas.
La muerte de la búsqueda útil y el auge del SEO industrial
Googlear ya no es sinónimo de encontrar respuestas. El SEO se industrializó: empresas enteras generan contenido no para humanos, sino para motores de búsqueda. El resultado es una web abarrotada de textos genéricos, inflados y repetitivos. Cuanto más contenido hay, más difícil resulta encontrar algo bueno. La abundancia sin filtros humanos ha degradado la experiencia. Y con la llegada de la IA generativa, este fenómeno se intensifica: ahora el contenido sintético inunda la red, desde artículos hasta imágenes, con un único objetivo: captar clics. Es la ‘AI slop’, basura sintética que hace que buscar ‘el mejor VPN 2025’ devuelva decenas de artículos casi idénticos. La teoría del internet muerto, aunque suene a conspiración, como metáfora describe algo real: gran parte de la actividad online está automatizada, repetitiva y desconectada de interacción humana genuina.
Plataformización: cuando comprar ya no es poseer
En los 90 y principios de los 2000, comprar un libro, un disco o un videojuego implicaba poseerlo. Podías prestarlo, revenderlo, guardarlo para siempre. Hoy, la lógica es el acceso condicionado por plataforma. Comprar un juego en Steam es adquirir una licencia revocable. Los ebooks de Kindle pueden ser borrados remotamente por Amazon. El usuario accede, pero no controla. La plataforma se convierte en una autoridad privada que define qué significa comprar y usar. Nuestra vida digital queda ligada a cuentas, y salir de una plataforma implica perder una parte significativa de ella. La infraestructura técnica está en manos de unos pocos, y con ella, el control sobre nuestros contenidos.
El usuario como materia prima
Otro cambio fundamental es que el usuario ya no es solo consumidor, sino materia prima. Cada clic, cada visionado, cada comentario alimenta sistemas de recomendación, modelos predictivos y ahora también modelos de inteligencia artificial. Como bien dice el artículo original, cuando escribes un comentario o abandonas una página, tus acciones se registran no solo para mostrarte anuncios, sino para ajustar el comportamiento de millones de personas en conjunto. Con la IA generativa, este ciclo se intensifica: internet se llena de contenido producido por máquinas entrenadas con contenido humano previo, que a su vez será reutilizado para entrenar nuevos modelos. El riesgo es una retroalimentación de mediocridad: una web cada vez más grande, pero cada vez menos informativa.
Conclusión: un internet más grande, pero ¿mejor?
Veinte años después, internet es más accesible, más rápido, más omnipresente. Pero también más opaco, más controlado, más ruidoso. Hemos pasado de una red de enlaces a una red de algoritmos; de la exploración al consumo pasivo; de la propiedad al acceso condicionado. La promesa de democratización de la información choca con la realidad de la centralización en pocas plataformas. Y mientras la IA acelera la producción de contenido, la calidad se diluye. Quizás el mayor cambio no sea tecnológico, sino cultural: hemos aceptado que un puñado de corporaciones decida lo que vemos, cómo lo vemos y qué significa poseer algo digital. La pregunta que queda es si aún estamos a tiempo de reclamar el control.
Este artículo se basa en el análisis original de Marcos Merino en Genbeta, que celebra 20 años de historia digital.
¿Necesitas ayuda con tu proyecto digital?
Sabes que siempre que necesites ayuda, el equipo de Efecto esta para vos. Podemos ayudarte con diseño UX, desarrollo web, branding y estrategia digital.