ASML: el monopolio que fabrica el futuro de los chips (y nadie puede reemplazarlo)

Todo chip avanzado del planeta —el de tu móvil, el que entrena un modelo de inteligencia artificial o el que guía un misil— pasa antes por una sola máquina fabricada por una sola empresa. No hay segundo proveedor ni plan B. Si ASML dejara de vender mañana, la frontera de la industria de los semiconductores se detendría en seco. Ese poder no lo tiene Apple sobre el iPhone ni NVIDIA sobre las GPU: ambas tienen competencia. ASML, no.

Lo más llamativo es que esta posición no nació de una superioridad aplastante desde el primer día, sino de una empresa que estuvo a punto de morir varias veces y que, en el camino, tomó una decisión que sus rivales japoneses nunca copiaron. Y de la que hoy, seguramente, se arrepienten.

Un origen frágil

ASML nació en 1984 como una joint venture entre Philips y ASM International para comercializar el stepper PAS 2000, heredero de desarrollos internos de Philips. El arranque fue precario: retrasos, sobrecostes, problemas técnicos con la etapa hidráulica que hubo que rediseñar, y la necesidad de financiación pública holandesa y europea antes siquiera de existir formalmente. En 1988, ASMI se retiró del proyecto. ASML sobrevivió gracias a una última ayuda arrancada al consejo de Philips. Sin ese rescate, hoy no habría litografía EUV.

De ese origen nace algo que explica todo lo que vino después: ASML nunca pudo permitirse ser una empresa cerrada y autosuficiente. Tuvo que aprender a negociar, ensamblar y convencer para sobrevivir. Nikon y Canon, en cambio, llegaron a la litografía desde una posición de fuerza: eran gigantes de la fotografía y la óptica. Esa fuerza terminó siendo, paradójicamente, su límite.

El primer punto de inflexión

El PAS 5500, lanzado en 1991, fue el primer gran acierto. Antes, ASML era un tercero lejano tras los dos japoneses. Después, empezó a construir una reputación de fiabilidad: más del 90% de los PAS 5500 fabricados seguían operativos treinta años después. ASML entendió que vender una máquina no era el final de la relación con el cliente, sino el principio de una dependencia de servicio, actualizaciones y ciclo de vida. Sus rivales pensaban en vender máquinas; ASML pensaba en vender una relación.

En los 2000 llegó TWINSCAN, la generación de inmersión en DUV, y una serie de adquisiciones (Silicon Valley Group, Brion, YieldStar). Cada movimiento ensanchaba el negocio: no solo vender resolución óptica, sino control de proceso, software y productividad. ASML dejaba de ser un fabricante de escáneres para convertirse en un proveedor de todo el flujo que decide si una fábrica de chips cumple sus objetivos.

EUV: la apuesta que lo cambió todo

Fabricar luz de 13,5 nanómetros de forma industrial es casi un despropósito técnico. Ningún material absorbe bien esa longitud de onda, así que hay que generarla haciendo incidir dos pulsos láser sobre gotas de estaño en movimiento (hasta 50.000 veces por segundo) y luego reflejarla a través de un sistema de espejos de precisión extrema fabricado por Zeiss. Los cuellos de botella fueron cuatro: la fuente de luz, la óptica reflectiva, la máscara y la metrología.

ASML compró Cymer en 2013 para resolver la fuente, reforzó el pacto con Zeiss (comprando el 24,9% de Carl Zeiss SMT en 2016), adquirió HMI para la inspección y Berliner Glas en 2020. Cada compra tapaba uno de los agujeros por los que EUV podía hundirse. Hoy ASML declara 5.100 proveedores. No es un modelo de fabricación integrada, sino todo lo contrario: coordinación. Zeiss hace la óptica, Cymer la fuente, cientos de proveedores aportan componentes, y ASML se reserva la arquitectura del sistema, las interfaces, el software y la relación directa con Intel, TSMC y Samsung.

Nikon y Canon hicieron la apuesta contraria: fabricación vertical. Para competir en EUV no basta con buena óptica; hay que replicar una red entera de proveedores, años de aprendizaje y una relación de confianza con los mayores fabricantes de chips. Esa barrera es más difícil de cruzar que cualquier patente.

La jugada maestra: coinversión

En 2012, ASML lanzó un programa de coinversión en el que Intel, TSMC y Samsung pusieron dinero para acelerar el desarrollo de EUV. No fue solo financiación: fue atar la hoja de ruta de los tres mayores clientes del mundo al éxito de una sola apuesta tecnológica. Cuando EUV funcionó, ninguno podía abandonar el barco. Esa jugada separa a un proveedor de un socio estructural. Nikon y Canon nunca consiguieron algo parecido.

Hubo tropiezos: en 2013, ASML pausó el desarrollo de obleas de 450 mm; incendios en proveedores (Prodrive en 2018, Berlín en 2022) retrasaron entregas. El monopolio de ASML no es invulnerable: depende de un puñado de módulos y proveedores sin sustituto rápido. La misma red que le da ventaja es su punto débil.

Números de otro planeta

ASML cerró 2025 con 32.700 millones de euros en ventas (frente a los 6.300 millones de 2015), un margen bruto del 52,8%, 9.600 millones de beneficio neto y una cartera de pedidos de 38.800 millones. Casi una cuarta parte de la facturación (8.200 millones) viene del mantenimiento y actualización de la base instalada: una vez que una fábrica tiene máquinas EUV, queda atada a ASML para siempre en soporte. Para 2030, la empresa aspira a ingresos de entre 44.000 y 60.000 millones con márgenes del 56-60%. Ya no compite por cuota de mercado: fija el ritmo de toda una industria.

Dimensión geopolítica

Holanda, Alemania y la Comisión Europea sostuvieron la investigación que hizo posible EUV. En 2024, el gobierno neerlandés lanzó la Operación Beethoven, un plan de 2.500 millones de euros para mantener a ASML arraigada en su región. Europa sabe que ASML es uno de sus pocos activos tecnológicos irreemplazables. Estados Unidos ha sido habilitador (Intel lideró la coinversión de 2012) y a la vez ha convertido a ASML en pieza central de la guerra con China: desde 2019, las licencias de exportación de EUV a China no se renuevan, con escaladas en 2022, 2023 y 2024. China representó el 36% de las ventas de ASML en 2024 y es el único país que ha hecho de construir su propio ASML un objetivo de política industrial.

El propio CEO de ASML ha reconocido que los fabricantes chinos pueden usar herramientas DUV con multipatterning para llegar a 3 nm, aunque con rendimientos decrecientes. La amenaza real a medio plazo no es que China replique EUV mañana, sino un desgaste lento con inversión estatal y presión política.

Tres grietas en el foso

Primera: High-NA, la siguiente generación de EUV con apertura numérica de 0,55, cuesta unos 400 millones de dólares por unidad y no está claro que el coste por capa convenza a los clientes. Segunda: el valor se desplaza hacia otras partes del proceso (packaging avanzado, integración 3D); ASML ya ha lanzado su primer producto de packaging, el XT:260. Tercera: las vías alternativas de sus rivales: Canon apuesta por litografía por nanoimpresión (patrones de 15 nm con menor coste) y Nikon explora litografía digital para packaging. Ninguna amenaza hoy el núcleo de EUV, pero apuntan a que el valor quizá no se concentre para siempre en la máquina de 400 millones.

Conclusión: el monopolio como fragilidad

La industria mundial del chip (y con ella la IA, la nube, la defensa, las telecomunicaciones) descansa en una empresa europea, un socio óptico alemán, una red de 5.100 proveedores y un régimen de licencias que se decide en Estados Unidos y Holanda. El capitalismo es eficiente eliminando redundancias, pero ASML es el resultado más brillante de ese proceso y, a la vez, su advertencia más clara: en algún momento, la eficiencia deja de ser ventaja y empieza a ser fragilidad. El mundo entero fabrica sus chips más avanzados apostando a que una sola empresa no fallará jamás.

Basado en información original de Xataka.

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