Zhang Shengwu tiene 60 años, es agricultor y nunca estudió ingeniería naval. Sin embargo, su pasatiempo favorito lo ha llevado a construir submarinos en su taller rural, desafiando las normas de la ingeniería convencional. Su última obra, el ‘Big Black Fish’, pesa cinco toneladas, puede sumergirse hasta ocho metros y ya ha completado con éxito su primera inmersión de prueba.
Un hobby que nació viendo televisión
Todo comenzó en 2014, cuando Zhang vio en la televisión a alguien construyendo su propio submarino. Inspirado, decidió imitarlo. Sin formación técnica pero con experiencia como carpintero y soldador, invirtió 5.000 yuanes (unos 642 euros) en chapa de acero, un motor y una batería. En seis meses tenía listo su primer prototipo: seis metros de eslora, dos toneladas de peso y una filtración que casi arruina el proyecto. A pesar del fallo, el diseño obtuvo una patente del gobierno chino, un reconocimiento a su validez técnica.
Del primer prototipo al ‘Big Black Fish’
Lejos de rendirse, Zhang construyó luego un barco de superficie y, posteriormente, se embarcó en la segunda generación de su submarino. Tras invertir 40.000 yuanes (más de 5.000 euros) y meses de trabajo, nació el ‘Big Black Fish’. Esta vez, el casco mide siete metros de largo y 1,8 metros de alto, con capacidad para dos personas. Para lograr estabilidad, vertió dos toneladas de hormigón como contrapeso e instaló tanques de lastre en proa y popa. “Los tanques recogen agua para sumergirse y la vacían para flotar”, explicó al medio Sixth Tone.
La embarcación alcanza una velocidad de hasta cuatro nudos y puede permanecer sumergida media hora sin filtraciones. “Ni una sola gota de agua entra. Incluso puede retroceder”, afirma orgulloso Zhang. El éxito de la inmersión de prueba, realizada a principios de julio de 2025, fue cubierto por medios como People’s Daily y China Daily.
Una tendencia en la China rural
Zhang no es un caso aislado. En China, varios inventores rurales han construido submarinos caseros. En 2009, Li Yuming fabricó cinco; en 2014, un exfuncionario de prisiones, Zhang Junlin, probó un submarino turístico en el Mar del Sur de China; y en 2015, un aldeano de Shaanxi se endeudó para construir uno de 9,2 metros. Esta efervescencia innovadora tiene apoyo estatal: el gobierno chino se fijó el objetivo de tener un millón de “líderes de innovación” y 15 millones de emprendedores rurales para 2025. En la provincia de Anhui, de donde es Zhang, los emprendedores pueden recibir una subvención inicial de 5.000 yuanes si su actividad se mantiene estable seis meses.
Ingenio sin títulos universitarios
Zhang Shengwu encarna el perfil del innovador rural: sin educación formal, pero con persistencia y capacidad para ejecutar tecnología compleja. Su submarino no rivaliza con los militares, pero es funcional: se sumerge, navega y emerge. Ya tiene planes para un tercer submarino, más grande y con mayor autonomía. Su historia demuestra que, a veces, la innovación surge donde menos se espera.
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