Durante años, millones de usuarios alrededor del mundo (incluyendo la comunidad tecnológica argentina) han repetido la misma queja: Windows 11 se siente más lento de lo que debería, incluso en equipos potentes. Las teorías iban desde un kernel mal optimizado hasta la codicia de las grandes tecnológicas por vender hardware nuevo. Pero hoy, Microsoft finalmente rompió el silencio y reveló el verdadero motivo detrás de la lentitud de su sistema operativo insignia. La respuesta, como era de esperarse, tiene más matices de los que imaginábamos.
El problema que Microsoft prefirió ignorar
El reconocimiento no llegó de la noche a la mañana. Según informó el medio especializado Hipertextual, Microsoft aceptó por fin que su sistema operativo no funciona como debería. Durante años, los foros de soporte se llenaron de reportes sobre tareas cotidianas que demoraban más de lo razonable: abrir el administrador de archivos, cambiar de ventana, ejecutar aplicaciones simples. En lugar de responder con hechos, la compañía se limitaba a recomendar activar el modo de rendimiento o revisar los controladores.
Pero ahora la postura es distinta. La empresa delineó un plan concreto para resolver los fallos más comunes, y admitió que el proceso no avanza tan rápido como desearían. La confesión es una victoria para los usuarios, pero también una dosis de realidad: Windows 11 tiene problemas de rendimiento, y Microsoft lo sabe.
La verdadera razón de la lentitud: la seguridad pasa factura
¿Cuál es entonces el motivo detrás de la lentitud? Según la información revelada, el principal sospechoso es el conjunto de funciones de seguridad que vienen activadas por defecto en el sistema. Hablamos de Virtualization-Based Security (VBS) y Memory Integrity, dos tecnologías creadas para proteger el equipo frente a ataques que explotan vulnerabilidades del kernel. Estas características aíslan procesos críticos en un entorno virtualizado, lo que añade una capa adicional de protección… pero también un coste significativo de rendimiento.
En pruebas realizadas por diversos medios y especialistas, el impacto de VBS puede llegar a reducir el rendimiento en hasta un 5-10% en juegos y tareas intensivas, y aún más en equipos con procesadores de generaciones anteriores. En máquinas modernas con CPUs de última generación, el impacto es menor, pero en el parque de hardware promedio de América Latina, donde muchos usuarios aún utilizan procesadores de hace varios años, la diferencia se nota.
Este hallazgo explica por qué tantos usuarios reportaban que Windows 11 iba más lento que Windows 10 en el mismo equipo. Windows 10 no incluye estas protecciones tan agresivas por defecto, mientras que Windows 11 las hace obligatorias en cualquier instalación limpia. Microsoft argumenta que la seguridad no es negociable, pero la realidad es que muchos usuarios no pueden simplemente comprar una PC nueva para compensar esa pérdida.
¿Y ahora qué? El plan de Microsoft
La buena noticia es que Microsoft no se limitó a una confesión: presentó una hoja de ruta. La compañía planea optimizar estas características para que los procesos no interfieran tanto con las tareas cotidianas, además de revisar el código del kernel y la gestión de memoria. Se habla también de una nueva política para desactivar VBS en equipos donde el usuario no la necesite, aunque siempre con advertencias sobre los riesgos.
Otra área que Microsoft ha prometido mejorar es el arranque del sistema y la respuesta de las aplicaciones del sistema, como el Explorador de Archivos. Los usuarios argentinos que han migrado a Windows 11 saben que la experiencia no siempre es fluida, especialmente al usar equipos con discos rígidos tradicionales en lugar de unidades SSD. Si bien el plan es ambicioso, la compañía no ha dado fechas concretas, lo que genera expectativa y escepticismo a partes iguales.
Contexto latinoamericano: un problema que nos toca de cerca
Para la audiencia de Argentina y el resto de la región, este tema no es una simple nota de prensa de Silicon Valley. En países como el nuestro, una gran parte de los usuarios todavía utiliza equipos adquiridos hace varios años, algunos con 8 GB de RAM o menos y procesadores de gama media de generaciones anteriores. Las estrictas (y muchas veces controversiales) exigencias de hardware de Windows 11, como el módulo TPM 2.0, ya dejaron a millones de usuarios afuera de la actualización gratuita.
Ahora, con esta revelación, queda claro que incluso los que cumplen los requisitos mínimos no están exentos de sufrir un rendimiento inferior al esperado. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿está Microsoft priorizando la seguridad abstracta en detrimento de la experiencia de uso? Para muchos, la respuesta es sí. La compañía defiende que la protección del sistema es esencial, pero el equilibrio entre seguridad y rendimiento es delicado, y en esta oportunidad la balanza parece haberse inclinado demasiado hacia un lado.
La noticia también enciende una conversación sobre el futuro del sistema operativo. Si Microsoft quiere que Windows 11 sea el estándar de la próxima década, deberá encontrar la manera de que funcione bien tanto en una PC gamer de alta gama como en una notebook de oficina utilizada para navegar y editar documentos. De lo contrario, los usuarios buscarán alternativas, ya sea volviendo a Windows 10 (cuyo soporte se extiende hasta 2025, aunque para entonces estará fuera de soporte) o migrando a distribuciones de Linux ligeras.
Qué podemos esperar en el corto plazo
Por ahora, los usuarios pueden tomar algunas medidas para mejorar su experiencia. Desactivar VBS desde el panel de Seguridad de Windows, siempre que se asuma el riesgo, es una opción que muchos ya aplican. También se recomienda revisar las aplicaciones que se inician junto con el sistema y mantener los controladores actualizados. Pero está claro que la responsabilidad real recae en Microsoft, que deberá demostrar con hechos que está dispuesta a mejorar el rendimiento de su producto estrella.
El plan presentado es alentador, pero queda la incertidumbre en el aire: ¿cuán pronto veremos las mejoras? En el ecosistema tecnológico, las promesas suelen ser más baratas que las soluciones. Mientras tanto, los usuarios argentinos y de todo el mundo seguirán esperando que Windows 11 finalmente se sienta tan fluido como se ve en los anuncios. O, al menos, como lo hacia Windows 10, ese viejo conocido que muchos aún extrañan.
La noticia fue difundida originalmente por Hipertextual y reescrita con un enfoque local para nuestros lectores.
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