OpenAI sorprende con Jalapeño, su chip de inferencia que supera a Nvidia en rendimiento por vatio

OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, acaba de presentar su primer chip de inferencia de IA, bautizado con un nombre curioso: ‘Jalapeño’. Se trata de un acelerador diseñado exclusivamente para ejecutar modelos de lenguaje ya entrenados y generar las respuestas que los usuarios reciben a diario. La noticia, publicada originalmente por el sitio español Xataka, se basa en un análisis técnico de SemiAnalysis, que ha puesto al chip a prueba con modelos abiertos como GPT-OSS 120B, DeepSeek R1 670B y Kimi K2.5 1T. Los resultados son incómodos para Nvidia: en varias cargas de trabajo, Jalapeño supera a sus procesadores Blackwell en latencia y rendimiento por vatio.

Qué es Jalapeño y por qué desafía a Nvidia

Para entender por qué Jalapeño importa, hay que considerar que un modelo de IA se entrena una vez pero se ejecuta millones de veces. La inferencia, es decir, el proceso de generar respuestas a partir del modelo entrenado, es lo que cuesta dinero cada vez que alguien usa ChatGPT, una API o un agente autónomo. Las GPU de Nvidia son extremadamente potentes, pero están diseñadas para tareas generales de cómputo paralelo. OpenAI prefirió diseñar un chip a medida, sacrificando flexibilidad para ganar eficiencia en esa tarea específica.

Este enfoque no es nuevo. Google lleva años con sus TPU, Amazon ofrece sus chips Inferentia y Trainium, Microsoft tiene Maia y Meta también investiga en hardware propio. La diferencia es que OpenAI, el líder indiscutido de la IA generativa, todavía dependía de Nvidia casi por completo. Con Jalapeño, la empresa de Sam Altman da un paso concreto hacia la autosuficiencia y la reducción de costos.

Las pruebas que muestran su superioridad

El análisis de SemiAnalysis, que adelantó Xataka, indica que Jalapeño consiguió entre 1,5 y 1,9 veces más rendimiento por vatio que Blackwell, dependiendo del modelo y la configuración. En latencia, la mejora es aún más contundente: hasta 3,6 veces menor en ciertos escenarios. Y lo hizo sin siquiera activar la técnica Multi-Token Prediction (MTP), una optimización que Nvidia sí utiliza en sus sistemas. Es decir, el chip aún tiene margen para mejorar.

Los analistas también señalan que, en términos de costo total de propiedad, Jalapeño se acerca a Vera Rubin, la próxima generación de chips de Nvidia que llegará en 2026. Esto es especialmente relevante porque OpenAI planea usar este chip en su propia infraestructura, donde el volumen de operaciones es enorme. Con una eficiencia así, el costo por token podría reducirse significativamente.

La inferencia: la nueva batalla de la IA

La inferencia se ha vuelto el centro de una batalla geopolítica y empresarial. Entrenar un modelo cuesta una fortuna, pero es un gasto puntual. Servir ese modelo, en cambio, es un costo constante. Los agentes autónomos, que pueden realizar miles de peticiones para una sola tarea, están multiplicando la demanda de inferencia. Cualquier mejora en eficiencia se traduce en millones de dólares de ahorro y en precios más competitivos para los usuarios.

En este contexto, el movimiento de OpenAI no es solo técnico: es estratégico. La compañía quiere reducir su dependencia de Nvidia, especialmente cuando el acceso a los chips más avanzados se ha convertido en una herramienta de presión política y comercial. No es un secreto que Estados Unidos ha limitado la exportación de tecnologías de IA a ciertos países, y tener hardware propio da autonomía.

Nvidia no se queda quieta

A pesar de estos desafíos, Nvidia sigue dominando el mercado de los chips de IA por una razón simple: su ecosistema de software CUDA es el estándar de facto para entrenar y ejecutar modelos. Jalapeño está optimizado para inferencia, pero OpenAI sigue necesitando las GPU de Nvidia para entrenar sus modelos. Además, Nvidia acaba de dar un golpe sobre la mesa al adquirir la tecnología de Groq, una startup especializada en inferencia, por una suma cercana a los 20.000 millones de dólares, para reforzar su posición en este nicho.

La competencia, sin embargo, se está intensificando. Si OpenAI logra que Jalapeño reduzca los costos de sus servicios, obligará a Nvidia a innovar más rápido y a revisar sus precios. Los grandes ganadores serían los usuarios finales, especialmente en economías emergentes donde el acceso a la IA de última generación a menudo depende de precios dolarizados.

Qué significa para América Latina

Para nosotros, en Argentina y en América Latina, este avance tiene un impacto directo. Los servicios de IA que usamos a diario, ya sea ChatGPT, Google Gemini o las APIs de diferentes proveedores, tienen costos de inferencia que se trasladan al precio final. Si compañías como OpenAI logran producir chips más eficientes, es muy probable que los precios de estas herramientas tiendan a bajar. Eso facilitaría que emprendedores, estudiantes y pymes de la región accedan a tecnologías que hoy son caras.

Además, la diversificación de proveedores de hardware reduce el riesgo de que la IA quede concentrada en pocas manos. Para un mercado que depende en gran medida de infraestructura extranjera, la existencia de alternativas como Jalapeño puede ser una señal de mayor soberanía tecnológica, aunque sea indirecta.

Un chip con nombre de ají picante

Nadie sabe aún cuándo veremos a Jalapeño operando a escala, ni cuál será su impacto real en las próximas versiones de los modelos de OpenAI. Pero el hecho de que la empresa ya tenga un chip propio compitiendo con Nvidia en eficiencia es un hito. El camino hacia la independencia del hardware de IA está en marcha, y los frutos de esa competencia probablemente los veremos en el precio y la calidad de los servicios en los próximos años.

La historia de Jalapeño es la historia de una empresa que, en lugar de resignarse al rol de cliente, decidió convertirse en fabricante. Y el resultado, por ahora, le da la razón: un acelerador que con un nombre bien latino supera a los procesadores del gigante estadounidense. El picante, en este caso, vino para quedarse.

Artículo original publicado por Javier Pastor en Xataka. Podés leerlo completo en este enlace.

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