Peter Thiel acusa al Papa de ‘trabajar para los comunistas chinos’ por su encíclica sobre IA

El inversor multimillonario Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, volvió a ser el centro de la polémica durante su participación en el Aspen Ideas Festival. En una charla que no dejó indiferente a nadie, Thiel acusó al Papa León XIV de estar, sin saberlo, al servicio del Partido Comunista de China. El motivo: la reciente encíclica papal Magnifica Humanitas, que aboga por una regulación de la inteligencia artificial para evitar sus usos nocivos.

Un ataque sin rodeos

Para Thiel, el llamado del Papa a regular la IA es un craso error estratégico. Argumenta que mientras Occidente se ata las manos con normas éticas, China sigue adelante sin restricciones morales. «El Papa está trabajando para los comunistas chinos», sentenció Thiel, quien considera que la Santa Sede está siendo ingenua al no ver que sus advertencias solo frenan a un bando en la carrera tecnológica global.

La encíclica, publicada en mayo de 2026, pide un desarrollo de la inteligencia artificial centrado en el ser humano y alerta sobre los riesgos de una tecnología sin control. Sin embargo, Thiel interpreta que ese mensaje, aunque bienintencionado, no tendrá eco en Pekín, donde la comunidad católica es minoritaria y el partido gobernante no se rige por los mismos principios.

El Papa y la regulación de la IA

Magnifica Humanitas no es el primer documento vaticano que aborda la tecnología. Históricamente, la Iglesia ha mostrado escepticismo ante innovaciones que pudieran deshumanizar la sociedad. Pero esta vez, el contexto geopolítico ha convertido una reflexión pastoral en un campo de batalla ideológico. Thiel, conocido por su ferviente apoyo a la innovación sin ataduras, ve en la postura papal una amenaza al liderazgo tecnológico occidental.

En su intervención, Thiel también retomó sus teorías sobre el Anticristo, que ya había expuesto en unas conferencias privadas en Roma en marzo pasado. Para el magnate, el Anticristo no sería una persona, sino un gobierno mundial que surge prometiendo proteger a la humanidad de amenazas como la IA. Esa visión apocalíptica casa con su discurso de que la regulación es el caballo de Troya de un nuevo orden mundial.

Thiel y su agenda política

Las declaraciones de Thiel no son aisladas; forman parte de una estrategia política bien definida. El inversor fue uno de los primeros apoyos de Donald Trump en Silicon Valley y ayudó a impulsar la carrera del vicepresidente JD Vance, quien trabajó en Mithril Capital, la firma de inversión de Thiel. Además, en el mismo festival, Thiel advirtió sobre un supuesto «golpe de estado democrático-socialista» en Estados Unidos y acusó a la empresa de inteligencia artificial Anthropic de planear manipular las elecciones de 2028 a favor de los demócratas.

Estas acusaciones, sin pruebas concretas, reflejan el estilo provocador de Thiel, que no duda en mezclar tecnología, religión y política. Sus críticos señalan que el magnate tiene una agenda clara: desregular la IA para que empresas como las que él apoya puedan competir sin trabas, especialmente frente a China.

Contexto: la Iglesia frente a la tecnología

La relación entre el Vaticano y la tecnología siempre ha sido compleja. Desde la imprenta hasta internet, la Iglesia ha tardado en adoptar innovaciones, pero también ha buscado orientarlas éticamente. En el caso de la inteligencia artificial, el Papa Francisco ya había alertado sobre los riesgos de un desarrollo sin control. León XIV continúa esa línea, pero en un momento en que la competencia entre Estados Unidos y China por dominar la IA se intensifica.

Thiel no es el único que ve con recelo las regulaciones. Muchos en Silicon Valley consideran que cualquier freno ético a la IA beneficia a Pekín. Sin embargo, la postura de la Santa Sede no es ingenua: busca evitar un escenario distópico donde la tecnología se use para la vigilancia masiva o la manipulación social, algo que ya ocurre en China con sistemas como el crédito social.

En conclusión, las declaraciones de Peter Thiel ponen de manifiesto el cruce entre fe, tecnología y geopolítica. Mientras el Papa llama a la reflexión ética, Thiel ve una conspiración que favorece a los adversarios de Occidente. Lo cierto es que la regulación de la IA no es un asunto binario; requiere un equilibrio que ni los magnates ni los pontífices pueden resolver por sí solos. Como siempre, la historia juzgará si el camino elegido fue el correcto.

Este artículo se basa en la información original publicada por Xataka.

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