Durante casi dos décadas, el multimillonario inversor Warren Buffett y el cofundador de Microsoft, Bill Gates, encarnaron la filantropía tecnológica más ambiciosa del planeta. Pero esa alianza, que canalizó miles de millones de dólares hacia la salud global y la educación, llegó a su fin. La razón tiene nombre propio: Jeffrey Epstein.
Por segundo año consecutivo, la donación anual de Buffett ha excluido por completo a la Fundación Bill y Melinda Gates. En su lugar, el ‘Oráculo de Omaha’ ha redirigido su fortuna —unos 140.000 millones de dólares— hacia las fundaciones de sus propios hijos. El gesto no es coyuntural: es una señal definitiva de que la confianza se quebró.
El fin de una promesa irrevocable
En 2006, Buffett firmó un compromiso que calificó de irrevocable: donaría la mayoría de sus acciones de Berkshire Hathaway a la Fundación Gates, con la condición de que Bill, Melinda o alguien de la familia Gates estuviera al frente y que los fondos se gastaran rápido. Ese pacto convirtió a Buffett en el mayor donante individual de la fundación, y juntos impulsaron campañas contra enfermedades como la malaria o la poliomielitis.
Pero las grietas empezaron con el divorcio de Bill y Melinda Gates en 2021. Buffett era cercano a Melinda y valoraba su gestión. La ruptura personal se agravó cuando salieron a la luz los vínculos de Bill Gates con Jeffrey Epstein, el financiero condenado por tráfico sexual de menores. Documentos desclasificados por el Departamento de Justicia en 2026 reavivaron las dudas sobre los encuentros de Gates con Epstein, algo que el propio Gates admitió como un error en su comparecencia ante el Congreso.
Buffett, en una entrevista con CNBC, calificó la relación de Gates con Epstein como «desagradable», aunque reconoció que él también se ha equivocado al elegir amigos. Pero las acciones hablan más fuerte: desde 2025, la Fundación Gates ha quedado fuera de sus donaciones.
El relevo: los hijos de Buffett toman el control
Este año, Buffett convirtió 8.000 acciones Clase A en 12 millones de Clase B, distribuyéndolas entre cuatro fundaciones familiares. La mayor parte —9 millones de acciones— fue para la Fundación Susan Thompson Buffett, en honor a su difunta esposa. El resto se repartió entre la Fundación Sherwood (de su hija Susie), la Fundación Howard G. Buffett (de su hijo mediano) y la Fundación NoVo (del hijo pequeño, Peter).
En su comunicado oficial, Buffett fue claro: «Mi objetivo es disponer de todas mis acciones de Berkshire en aproximadamente ocho años… Tengo la esperanza de que mis tres hijos puedan llevar a cabo la distribución antes del 31 de diciembre de 2034». Esto acelera drásticamente el calendario previsto: originalmente, pensaba repartir su fortuna diez años después de su muerte.
El impacto en la filantropía tecnológica
La ruptura no solo afecta a las relaciones personales, sino que redefine el mapa de la filantropía global. La Fundación Gates, con más de 50.000 millones de dólares en activos, seguía siendo la principal receptora de las donaciones de Buffett. Sin ese flujo, deberá ajustar sus programas y buscar nuevos aliados. Por otro lado, las fundaciones de los hijos de Buffett —menos conocidas pero con experiencia en agricultura, desarrollo comunitario y derechos de la mujer— ganan protagonismo.
El caso también pone en el centro del debate la figura de Jeffrey Epstein, cuyas conexiones con el poder tecnológico y financiero siguen saliendo a la luz. Epstein, que se suicidó en prisión en 2019, cultivó relaciones con figuras como Bill Gates, el príncipe Andrés o el propio Donald Trump. Gates llegó a reunirse con él en varias ocasiones, incluso después de su condena, lo que ha sido una mancha en su legado filantrópico.
El legado de Buffett: donar en vida
Warren Buffett, de 95 años, sigue firme en su filosofía de donar en vida. «No creo en crear dinastías», ha repetido. Su fortuna, estimada en más de 140.000 millones, se destinará íntegramente a causas benéficas. Pero ahora lo hará sin la Fundación Gates como vehículo principal.
Algunos analistas ven en esta decisión un mensaje implícito sobre la importancia de la transparencia y la integridad en la gestión filantrópica. Others, un simple reflejo de que las alianzas basadas en la confianza personal pueden quebrarse cuando esa confianza se erosiona.
La historia de la filantropía tecnológica está escrita por gigantes como Gates, Buffett, Zuckerberg o el propio Elon Musk. Pero esta ruptura demuestra que, al final, las decisiones personales y los errores de juicio pueden tener consecuencias multimillonarias.
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