
Foto: Tom Fisk via Pexels
En diciembre de 2025, Tore Sorebakken y su equipo llegaron al río Vinstra, en el corazón de Noruega, con una misión que a simple vista parecía un acto de sabotaje: perforaron decenas de agujeros, cargaron 750 kilos de explosivos y se prepararon para volar una cascada. Las autoridades locales, alarmadas, les exigieron explicaciones. ¿Por qué destruir una maravilla natural? La respuesta fue reveladora: aquella «cascada» era en realidad una presa construida a principios del siglo XX, olvidada por completo por los lugareños. La anécdota, reportada por National Geographic y recogida por Xataka, ilustra el estado de abandono de los ríos europeos y el enorme desafío que la Unión Europea ha decidido enfrentar.
La UE ha puesto en marcha una ambiciosa política de restauración fluvial que está derribando cientos de presas obsoletas cada año. Según el informe anual Dam Removal Europe, en 2025 se eliminaron al menos 603 barreras en todo el continente, reconectando más de 3.740 kilómetros de ríos. Estas cifras marcan un récord histórico y reflejan la implementación del Reglamento de Restauración de la Naturaleza, que exige devolver 25.000 kilómetros de ríos a un estado de «flujo libre» para 2030.
¿Por qué derribar presas?
La razón principal es ecológica. Más del 42% de las especies de peces de agua dulce en Europa están amenazadas, y cerca de dos tercios se encuentran en riesgo. Las presas y azudes fragmentan los ecosistemas fluviales, impidiendo la migración de peces y alterando el flujo natural del agua. Al eliminarlos, se restablecen hábitats y se favorece la recuperación de la biodiversidad.
Además, nueve de cada diez catástrofes naturales en la UE en la última década estuvieron relacionadas con el agua: inundaciones, sequías y tormentas. Mantener los ríos libres de obstáculos es una estrategia clave para mitigar estos riesgos. La restauración de la conectividad fluvial reduce las inundaciones al permitir que el agua fluya sin barreras y mejora la recarga de acuíferos.
El mito de la sequía
Una crítica recurrente a estas políticas es que la eliminación de presas agrava las sequías al perder capacidad de almacenamiento. Sin embargo, la realidad es diferente. La gran mayoría de las barreras eliminadas son azudes de menos de dos metros de altura, estructuras pequeñas que no almacenan agua, sino que elevan el nivel del río para derivar caudal a canales de riego, molinos o centrales hidroeléctricas. Muchas de ellas ya tenían concesiones caducadas y estaban en desuso, por lo que su demolición no afecta significativamente la disponibilidad hídrica.
«Casi todo lo que se está derribando son azudes de menos de dos metros. Es decir, pequeñas barreras que no almacenan agua», explica el informe de Dam Removal Europe. De hecho, estas estructuras a menudo representan un peligro y un obstáculo innecesario para la fauna.
Lecciones para el mundo
Europa se ha convertido en un laboratorio de restauración fluvial. Países como España, Francia, Suecia y Noruega lideran los derribos. En España, por ejemplo, existen decenas de embalses que nunca se utilizaron por falta de tuberías, como reportó Xataka. La directiva europea fuerza a los estados miembros a identificar barreras obsoletas y planificar su eliminación.
El éxito de esta política demuestra que es posible revertir décadas de intervención humana en los ríos. No obstante, el camino es largo: se estima que aún existen millones de barreras en los ríos europeos, muchas de ellas abandonadas. El reto ahora es mantener el ritmo y convencer a las comunidades de que liberar los ríos es beneficioso para todos.
Conclusión: una apuesta por la naturaleza
La anécdota de Sorebakken en Noruega es un recordatorio de cuánto hemos alterado nuestros paisajes, hasta el punto de olvidar que algunas «cascadas» son artificiales. Derribar presas no es un capricho ambientalista, sino una necesidad para restaurar ecosistemas y adaptarnos al cambio climático. La UE ha demostrado que, con voluntad política y financiamiento, es posible devolver la vida a los ríos. El resto del mundo observa con atención.
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